Beasts of No Nation

Beasts of No Nation no es una película fácil de digerir. Cuenta la historia de un niño, Agu, en un país indeterminado del África Negra.

Un país asolado por la guerra con al menos tres facciones en conflicto. Se ven las consecuencias de la guerra de inmediato y cómo un chaval normal con su imaginación, ingenio, ganas de divertirse, se verá en un pelotón del FDN a las órdenes del Comandante, un señor de la guerra interpretado magistralmente por Idris Elba. Es un personaje fascinante y repulsivo a la vez. Tiene el don de la palabra, sin duda, y convence con la mezcla de brutalidad, argumentos y sutileza para que le sigan ciegamente y esos niños se transformen en  niños soldado. La interpretación de Abraham Attah como Agu para ello es fundamental y magistral.

La película no esconde ninguna brutalidad, desde la iniciación de Agu como niño soldado pasando por los abusos o las drogas, que los ataques sean todos sin prisioneros, la transformación de Agu, que es muy consciente de lo que le está pasando es terrible.

Cary Joji Fukunaga, el director, director de Jane Eyre y la primera temporada de True Detective, cuenta la historia sin concesiones pero utilizando en ciertos momentos  imágenes bellísimas de África  que contrastan con lo terrible que sucede en ellas, aumentando aún más la sensación de horror, incluso de irrealidad que se convierte en muy real al siguiente fotograma.

La música es evocadora y preciosa, pero aparece precisamente cuando en la pantalla aparecen terribles imágenes. Parece querer decir, “como puedes disfrutar de esta música cuando lo que estás viendo envilece el alma”.

La película no tiene un final feliz porque no puede haber un final feliz. Se ven muchos de los problemas que asolan África, desde lo terrible de los niños soldados, los parches del mundo a través de la ONU para intentar ayudar, la enorme hipocresía de los políticos africanos, o los señores de la guerra que no tienen más lealtad que a sí mismos, igual que los políticos pero estos son los que matan directamente. Y el pueblo, los que sufren y mueren y no tienen posibilidad de hacer nada porque en este juego no son nada. Es duro ver tanta gente rezando tanto y tanta muerte asolándolo todo.

No tiene un final feliz pero al menos da un pequeño atisbo de esperanza, aunque es un poco un consuelo menor, una victoria pírrica. Cuando termina, con todo lo que ha pasado, en realidad África sigue igual, sigue desangrándose.

Muy buena película, solo por esto la inscripción en Netflix hubiera merecido la pena porque es la primera película que producen, aunque hay pequeñas cosas que no terminan de encajar. La película pone mucho interés en el proceso de transformación de Agu pero pasa más por encima a partir de los acontecimientos que suceden al llegar a la ciudad dando apenas pinceladas y dando una cierta sensación de precipitación hacia el final. El final en sí tampoco me convence mucho siendo un final de postal, aunque como es una postal envenenada, tampoco me parece mal.

He visto muchas películas de terror pero esta da mucho más miedo y te deja con peor cuerpo que cualquiera que haya visto. No necesitas zombies ni motosierra, solo unos hombres sin escrúpulos y con poder.

Saludos fremen.