El primer mundial que recuerdo es el de España 82. Aunque era muy pequeño, con los dibujos de naranjito y que jugaban Satrústegui, López Ufarte, Zamora y mi favorito, Arconada, estaba muy interesado, pero nos eliminaron enseguida y recuerdo que la final la oí por la radio mientras jugaba con mis airgam boys y mis clicks de famóbil.
Recuerdo el partido del 13-1 a Malta, todos en el salón saltando de emoción y lo increíble que fue que consiguiéramos clasificarnos para la Eurocopa.
Ya en la Eurocopa de 1984 disfruté con España, con ese inolvidable gol de Maceda a Alemania que muchos años después repetiría Mikel Merino. Llegamos a la final y vi con horror como a uno de los mejores porteros de la historia se le escapaba el balón.
Después todo fue para abajo, nos clasificábamos pero éramos eliminados como muy tarde en cuartos de final.
No me lo podía explicar. Teníamos al mejor equipo del mundo, el Real Madrid, éramos (somos) un país enormemente futbolero y sin embargo nos estrellábamos constantemente.
Solo teníamos una copa de Europa ganada en los 60 contra la URSS que para mí era historia y un cuarto puesto en el mundial de Brasil de 1950. Tristemente no éramos nadie con lo que nos gusta el fútbol.
En 2008 todo cambió, como todos sabemos, y empezamos a ganar jugando como nadie lo hacía.
Nunca pude imaginar que desde entonces habríamos ganado tres Eurocopas y dos Mundiales. De hecho nunca pude imaginar que ganaríamos un mundial dada la trayectoria que teníamos de jugar como nunca y perder como siempre.
Ahí empezamos a jugar como nadie y ganar a todo el mundo. Se juntó con una generación increíble de deportistas de otras disciplinas como tenis, baloncesto, balonmano, waterpolo, fórmula uno y varias más que acuñaron la exagerada pero muy gratificante frase, por el enorme cambio que reflejaba, “yo soy español, a qué quieres que te gane”.
Aun así, han pasado dieciséis años desde el mundial de Sudáfrica 2010 y tampoco parecía que fuéramos a tener la segunda estrella mientras Francia sí la cosía en su pecho. Digo Francia porque es otra de las recién llegadas a la élite del fútbol más allá de la Copa que nos ganaron en el 84.
Empiezo a sospechar que no somos de términos medios. Desde la Eurocopa de 2012 hasta la de 2024, prácticamente nada (no meto las Nations League por comparar las mismas competiciones). Por el contrario, el primer ciclo con la Generación de Oro hizo algo increíble, ganar Eurocopa, Mundial y Eurocopa, lo que nos e había hecho antes.
Ahora ganamos Eurocopa y Mundial y rompemos los registros, nunca habían metido un único gol al campeón, por supuesto ganamos invictos como en la Eurocopa (aunque aquí ganamos todos los partidos, ni un empate), nunca en la final uno de los equipos no había tirado ni una sola vez a portería (Argentina, qué mal perder tiene esta gente).
Lo mejor, que es una generación jovencísima y que vienen dos generaciones por detrás con muy buena pinta.
Cuando terminó la Eurocopa de 2024 no creo que nadie tuviera dudas de que éramos grandes favoritos para ganar también el mundial. El juego desplegado con unos centrocampistas increíbles que controlaban el juego y filtraban pases entre líneas para que extremos de clase mundial como Nico Wiliams y un niño de 16 años, Lamine Jamal, los aprovecharan apabulló a toda Europa. Es inolvidable el pase de Cucurella que remata Mikel Oyarzábal que valió una final contra Inglaterra.
Sin embargo, a este mundial no llegábamos igual ni mucho menos. De los cuatro extremos que llevaba De La Fuente, tres llegaban lesionados y no estarían disponibles para los primeros partidos. Nuestro centro del campo venía comprometido porque Rodri salía de lesión, como Mikel Merino y Zubimendi había bajado su rendimiento en la última fase de la temporada.
Problemas muy serios en las líneas que nos habían dado la Eurocopa y que definían nuestro juego, control del balón y extremos rápidos y muy habilidosos. Un titki-taka vertical, una maravilla de ver con lo mejor de dos mundos, la evolución de la España de Oro, pero que lo mismo no podíamos hacer.
Y realmente no pudimos. Pero hicimos otra cosa, adaptarnos.
Aunque la cosa empezó de forma preocupante porque teníamos un grupo que parecía muy fácil: Cabo Verde, Arabia Saudí y Uruguay clasificándose los ocho mejores terceros.
Sin embargo, contra Cabo Verde no conseguimos marcar y, aunque es cierto que tuvimos la pelota todo el rato, el fantasma del España Marruecos del anterior mundial en que la posesión era nuestra pero no sabíamos qué hacer con ella, se pasó por la cabeza de muchos.
Además, había una semana entre partido y partido con lo que se dijo de todo en esos momentos.
Afortunadamente llegó el partido contra Arabia y nos desquitamos con un 4-0 en los que el delantero, Oyarzabal, marcó dos goles y Lamine Yamal que ya pudo jugar un rato marcó otro. Destaco lo de que el delantero marque porque es su función principal y les da mucha confianza para los siguientes partidos. Por el contrario, no conseguir marcar les va minando la moral, como le pasaría a Ferrán Torres a pesar de jugar bien cuando salía.
Llegamos al tercer partido dependiendo de nosotros para pasar primeros de grupo y tener un camino más sencillo que encontrarnos con Argentina, si se cumplían los pronósticos. Este partido era contra Uruguay que había hecho una liguilla lamentable y necesitaba ganar para poder continuar.
Plantearon un partido sucísimo, con entradas muy violentas que terminaron lesionando a dos de nuestros extremos que salían de lesión, Yeremi Pino y Nico Williams y que parecía que se iban a perder el resto del mundial. Afortunadamente, un gol de Alex Baena, que ha jugado de falso extremo izquierdo todo el mundial y muy bien, nos dio la victoria. Muslera, el portero, puso como un 70% de su parte para que fuera gol. Fue triste ver a un campeón del mundo como Uruguay, un equipo con una historia increíble de un país que tiene el mismo número de habitantes que Galicia, no tener más que la violencia para jugar.
Evitamos a Argentina y nos encontramos con Austria. Un equipo europeo de clase media que juega bien y al que pasamos por encima a pesar de tener solo a Lamine como único extremo y Pedri sin dar su mejor nivel. Sin embargo teníamos a un prodigios Oyarzabal que hizo su segundo doblete y Pedro Porro el otro gol.
El problema venía en el siguiente partido, el de octavos. Nos tocaba una de las candidatas claras a ganar el mundial, Portugal.
Gol de Mikel Merino a Portugal
Candidata clara pero el partido contra Colombia de la fase de grupos no lo ganó y pasó como segunda, así que duelo de máximos en octavos.
España dio un salto cualitativo enorme. Empezó a jugar como en la Eurocopa ante un rival dificilísimo que podría haber jugado la final. Defendimos muy bien, tiraron apenas dos veces a puerta, y atacamos bien, con seis paradas de su portero y quince ocasiones de gol, pero al final fue un soberbio pase entre líneas de Ferrán Torres que remata raso y colocado Mikel Merino lo que nos dio el pase a cuartos de final.
El partido empezó a decantarse más claramente cuando Nuno Mendes se lesionó.
Estaba siendo una pesadilla no dejando hacer nada a Lamine y poniendo balones muy peligrosos en ataque. Realmente era el único destacado en su equipo y Nelson Semedo al sustituirle no pudo igualar su nivel.
Aquí nos encontramos con una sorprendente Bélgica. En la fase anterior se había enfrentado a Estados Unidos, anfitriona y que venía haciendo un juego muy alegre y efectivo, barriendo en su grupo y en dieciseisavos a Bosnia Herzegovina. Sin embargo, el delantero yankee había sido expulsado y Donald Trump llamó a Infantino para que le quitaran la roja, cosa que la FIFA hizo con el lógico escándalo. Las críticas arreciaron pero se las pasó la FIFA por el forro.
Sin embargo, toda esa polémica parece que afectó al combinado americano porque, cuando salieron contra Bélgica, parecían desconcentrados, cometiendo enormes errores en defensa, sin precisión en los pases y el delantero indultado, completamente desaparecido. Bélgica pasó como un ciclón por encima y se llevaron cuatro goles que pudieron ser más.
Bélgica es un equipo ideal para España porque tiene jugadores con mucha calidad, por lo que es ofensivo e intenta jugar, no se encierra y no hay que estar picando piedra hasta que se consigue marcar.
El dominio fue enorme, tan solo tiraron dos veces a puerta con la suerte de meter el único gol que recibió el equipo en todo el campeonato. Sin embargo, aunque solo marcamos dos goles el dominio fue total. Fabián marcó su gol y Mikel Merino el segundo de la competición.
Gol de Mikel Oyarzabal a Francia
Ahora esperaba Francia que daba auténtico pavor con el ataque devastador que había mostrado en el campeonato, la profundidad de banquillo y lo entonada de la defensa, incluso Upamecano, un defensa con unas condiciones increíbles y unos errores impropios de un jugador profesional.
Seguramente sea el mejor partido del mundial.
Fabián Ruiz fue titular en lugar de Pedri por segundo partido consecutivo y volvió a realizar una colaboración con Rodry y Dani Olmo perfecta. Rodri dio un nivel de dirección de balón de oro. Sin embargo, la clave fue la solidaridad defensiva, con una presión tras perdida muy bien ejecutada, y la eficiencia aprovechando bien las ocasiones porque Francia también defendía muy bien. Sin embargo, un penalti a Lamine magistralmente transformado por Oyarzabal nos puso por delante. El resto fue un dominio impresionante del partido con un centro del campo colosal hasta que llegó la segunda ocasión gracias a una conducción hacia el centro del área de Pedro Porro que la pasó a Dani Olmo en la frontal y este se la dejó frente al portero de un primer toque mientras le hacían penalti pero, como Porro llegó y marcó, subió al marcador el gol. Aquí se acabó el partido, con Francia volcada pero sin ninguna mordiente, con apenas 3 disparos a puerta sin mayor problema para Unai.
¡Estábamos en la final!
Por un lado me ha recordado al mundial de Baloncesto que ganó España en 2006- La semifinal fue mucho más difícil que la final. Argentina estaba en la semifinal y fue muy dura, sin embargo la final con Grecia fue muy sencilla, 70-47.
Pues algo parecido fue la final del Mundial contra Argentina. Les arrebatamos el balón, les hicimos cazar sombras casi todo el tiempo y movimos tan rápido la pelota que muchas veces no llegaban ni a estar cerca para practicar el “cancherismo” en forma de dejar un recado al jugador cercano.
Aun así, algunas entradas fueron infames, como una a Cubarsí por parte de Enzo Fernández. El argentino entró pasadísimo de fuerza a un balón al que llegaba tarde pero al menos no iba con los tacos por delante. Cazó a Cubarsí que salió, literalmente, volando. Fue la segunda amarilla que protestó muchísimo sin más argumento que el de dejar su equipo con uno menos, porque la falta era amarilla en cualquier lugar del mundo.
El arbitraje en general fue bastante malo, casi todas las decisiones caían a favor de Argentina. De hecho se anuló un gol a Nico Williams, que entró por Baena, porque decían que había falta de Mikel Merino (que entró por Olmo), pero no había nada de nada.
No sería en único gol que anularon a España, otro de Iñaki Williams fue anulado por el VAR por un mínimo fuera de juego.
Un gol para la historia: Ferrán Torres
Sin embargo, España no dejaba de intentarlo hasta que un pase en el lado derecho de Lamine abriendo la banda a Pedro Porro hizo que este cruzara el balón hacia el segundo palo, Nico Williams lo prolongara con la cabeza y Ferrán Torres (que entró por Oyarzabal) lo remachara de bolea hasta el fondo de la red.
Tres goles para que uno solo valiera.
Argentina seguí sin comparecer hasta que por fin salió algo del orgullo Argentino y, con uno menos, se volcaron sobre la portería de Unai Simón.
Sin embargo, aunque asustaron y metieron a la selección española en su área, no consiguieron tirar una sola vez a puerta en los 120 minutos que duró el partido.
El resultado fue muy corto para lo que se vio en el terreno de juego, nunca una selección en una final no había tirado a puerta. El mejor jugador de la historia, Leo Messi, que había anotado ocho goles en el mundial, estuvo completamente desaparecido, la defensa española lo borró y los demás, que se habían apoyado en su genialidad para sacar los partidos adelante, no supieron qué hacer. La clave, quedarnos el balón. El resultado fue que Argentina tuvo un paupérrimo 32% de posesión. Pero lo bueno es que España no tuvo la posesión y ya. El tiki-taka que nos hizo campeones en 2010 ha evolucionado y es mucho más vertical, se sigue basando en el pase, por supuesto, pero también en acelerar la jugada y pillar la espalda al rival. Muchas variantes que supusieron 20 remates con 11 a portería por 3 remates, ninguno a portería, del rival.
El resto es historia, una felicidad increíble, ver de nuevo a la selección campeona del mundo es indescriptible. Nada podía empañar esa celebración y quiero decir cosas positivas del rival como que, aunque cometieron faltas y la entrada de Enzo Fernández fue muy dura, en general el juego no fue tan violento como se había visto en otros partidos. También hay que reconocerles que lo siguieron intentando incluso con diez y que cuando marcaron se volcaron con todo lo que tenían, solo que no les alcanzó, incluso cuando marcamos y nos flaquearon las piernas, fue cuando más apretaron pero España aguantó.
Desgraciadamente, no saben perder.
Un puñetazo de Nahuel Molina a Rodri cuando iba hacia los compañeros para celebrar la victoria, Leandro Paredes agarró por el cuello a Eric García primero y a Gavi después junto con Almada, tirándolo al suelo. Además, Fabián Ayala, que es parte del staff técnico, pegó otro puñetazo a Dani Olmo.
Hay que decir que no hubo más excusa que el mal perder. Los jugadores españoles fueron a celebrar entre ellos, no hicieron ni el más mínimo desprecio o mofa al contrario, que se podría pensar por lo fuera de lugar y de mal perdedor que fue la reacción argentina, pero no, fue frustración y una falta de valores deportivos simplemente.
Esto se demostró después. España les hizo un pasillo cuando fueron a recoger la medalla reconociendo su mérito. Argentina se dio la vuelta cuando le entregaron al copa a España.
No saben perder y llevan dos semanas dando vueltas al pésimo partido que hicieron con teorías delirantes que dan mucha risa y mucha pena al tiempo.
En cambio, aquí, la venta de camisetas con la segunda estrella se ha disparado. Yo he preferido la de la primera estrella, la blanca con Oyarzabal, como recuerdo de la equipación con la que se ganó el mundial y del delantero que fue nuestro máximo goleador.
Los 26 que ganaron el mundial han sido:
- Lista de convocados
Fuente: Wikipedia










