De entre los absurdos desafíos personales que me propongo para alimentar mí ya bastante engordados gustos cinéfilos, el que me propuse desde Halloween y que llevo practicando desde entonces ha sido uno de los más divertidos: Zambullirme de lleno en todas aquellas películas de terror que me faltaban por ver y recopilar película a película lo más representativo del género que me he estado perdiendo. Desde los hitos más grandes del cine de terror, hasta la secuela más cutre de la saga más casposa de cine slasher de serie B.
Y justo el cine slasher es el que más ganas tenía de abordar. Todo por dar respuesta a una pegunta que llevo haciéndome desde siempre ¿Por qué lo llaman cine de Terror? Jamás comprendía por qué la gente las califica como tal, si hasta mi abuela en bañador puede ser una figura más terrorífica que un pringado envuelto con una máscara y armado con un triste cuchillo de cocina. Precisamente por eso me pareció pertinente animarme de una vez con la saga Scream. Saga que justo se basa en burlarse de todos los convencionalismos que dicho género había trillado y abordado hasta la saciedad. ¿Y sabéis qué? Me ha encantado y asqueado a partes iguales. Toda esta saga esta repletas de cosas que adoro, pero que también me repugnan. ¿Cómo coño se puede dar eso? Pues seguro que os divertiréis averiguándolo con mi critica.












