¿Cómo es que no se me había ocurrido hasta ahora de hablar precisamente del juego al que, sin duda, más horas he echado en toda mi vida? No exagero, de verdad. Es una pena que ya no exista ninguno de mis personajes aunque el servidor sí sigue en activo, pero hace… ¿cuántos años? ¿Seis quizá? No lo recuerdo. Pero sí que vi en una única ocasión la ficha de mis estadísticas (sólo una vez porque la implementaron justo y yo ya no jugaba) y me asusté. Más de 1.000 horas de juego con mi personaje inicial… era mucho demasiado.
Bien es cierto que una de las razones por las que dejé de jugar fue por todo este tiempo que invertía en un juego sin fin que me impedía de disfrutar de casi cualquier otra cosa, que por esto me ganara buenas broncas en casa, el nerfeo de mi pj fuerte cuando metieron el Lich King… Pero curiosamente ninguna de estas dos razones fueron las que me hicieron abandonar definitivamente las garras del WOW tras algo más de unos tres años ininterrumpidos de vicio. La auténtica razón era… que me destrozaba los nervios. Así abandoné una elfa de la noche hunter de nivel 80 (Tyranide), otra elfa de la noche druida nivel 80 (Shelena), otra elfa de la noche sacerdotisa de level 70 (Tindomerel), una draenei maga de nivel 70 y algo (Lina) y una pícara orca de nivel 70 y algo también (Ifta).
Sin embargo no quiero adelantar acontecimientos, prefiero de hecho empezar precisamente por los puntos positivos que podemos extraer de un juego en el que participan millones de jugadores de todo el mundo.
AVISO: si os ponen de los nervios las palabras técnicas de los juegos, este NO es vuestro post. xD (Madre, en algunos momentos he tenido que concentrarme mucho para recordar el lenguaje del WoW y aún así no conocía mucho de la terminología). Palabras que he subrayado y puesto en cursiva.
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