
Hay desarrolladoras que solo saben dedicarse a una cosa. Pero esa cosa la hacen tan condenadamente bien que siempre tratan de incluirte en ella algo nuevo y original que les haga sobresalir sobre el resto. Y ese algo nunca se ha tratado de una insignificancia o añadido superfluo, sino algo que ha conseguido mover a la industria un peldaño más adelante. Este es el caso de Monolith. Casi se han dedicado en exclusiva a un solo género en toda su carrera, pero han sido responsables de muchas de los puntos de inflexión de la industria.
Muchas de las comodidades de las que disfrutamos ahora y que damos por supuesto, se las debemos al talento y pasión que han puesto los de Monolith a la hora de no conformarse con desarrollar un simple juego que divierta, sino con crear lo mejor que se puede ofrecer en todos los ámbitos que un juego ostenta. Ninguno de los títulos de entre todos los que ha desarrollado en toda su trayectoria podría calificarse de genérico y funcional, sino de creaciones extraordinarias que marcaron un antes y un después en los videojuegos. Puede que Monolith no tenga mucha variedad de géneros en su currículo, pero muchas veces es mejor dedicarse a lo que mejor sabes hacer, que tratar de hacer algo que no sabes y abrazar la mediocridad.
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