LOGAN

Estrenada el 3 de marzo de 2017, Logan es la más reciente y “ultima” película del famoso personaje de la Editorial Americana  Marvel Comics, llamado “Wolverine”, y conocido en distintos países como “Lobezno” o “Guepardo”; tenía a sus espaldas resolver la gran interrogante respecto a si la producción lograría remontar el amargo sabor de su predecesora –Wolverine: Inmortal–, y las agridulces notas de “Wolverine Origins”. Veamos si lo lograron, en esta entrada libre de spoilers.

Logan es la más reciente película del Director James Mangold, escrita por él mismo, en colaboración con Michael Green y Davis James Kelly; actúan en ella en forma relevante Hugh Jackman, Patrick Stewart y la pequeña Dafne Keen.

He referido que no haré mención de spoilers dado que –además del reciente estreno de la cinta– carecería de objeto, porque cualquiera que sea lector de comics, y lector de Wolverine, sabrá perfectamente cómo se desarrollará y terminará esta historia. Esta predictibilidad de la cinta en este caso no constituye un defecto, sino una virtud dado que el guion lo podría haber firmado Frank Miller –aunque no hay prostitutas—o Barry Windsor Smith; adaptándose por primera vez un Wolverine en forma y con todas sus letras.

Y es que tras una muy buena cantidad de cintas blancas donde el héroe no mata una mosca, no hay sangre, mucho menos violencia explícita, tenemos una cinta brutal donde no sólo el protagonista, sino menores de edad asesinan sin ninguna censura. Pero no es que se busque la “oscuridad” en forma artificial, Wolverine siempre ha sido así, brutal y sanguinario, no por nada su mantra personal es ser el mejor en lo que hace… aunque lo que hace no sea agradable. 

El cine de superhéroes se encuentra en deuda con Deadpool al haber demostrado que no sólo que no todas las películas de superhéroes son para niños, sino que pueden ser destinadas a un público adulto sin perder su rentabilidad; aunque en el cine me topara con un buen número de padres y niños indignados/desconcertados, a quienes no se les permitió la entrada por la clasificación de la cinta.

Como se ha publicitado y revelado en los trailers, Logan ubica a Wolverine varios años futuros, presentando al mutante canadiense envejecido, enfermo, alcoholizado y cansado; tratando de sobrevivir apenas y cuidando a un más anciano Charles Xavier. La llegada de una niña con garras, que es perseguida por los malos de la película, romperá este delicado status quo.

La actuación de Jackman es buena, aunque sinceramente no creo que le cueste mucho representar a un personaje envejecido –él mismo lo está (48 años)— y cansado –lleva 17 años haciendo un papel con grandes exigencias físicas (en 7 cintas)–; pero lo mejor de la película es la interpretación de Patrick Steward, quien hace uso de varios registros que van desde el poderoso patriarca mutante, mentor y maestro; el de un viejito caprichoso más parecido a un niño; hasta el del enfermo personaje, que en su senilidad no sabe quién es, ni donde se encuentra. La guinda del pastel es la pequeña y familiar para los comiqueros, X-23 ó Laura, encarada por la eficiente Dafne Keen, quien explota un papel muy bien escrito, que mezcla la ferocidad con la ternura, pudiendo ser tan infantil como Xavier o tan brutal como Logan, aún y cuando se pase gran parte de la cinta sin hablar.

Los malos son los de siempre: los ricos, las megacorporaciones que hacen esos experimentos “frankistenianos” que tanto material han dado al mundo de los comics y del cine. Pero al menos se agradece que la cinta no trate de un villano que trate de apoderarse del mundo haciendo un hoyo en el cielo; aquí la maldad es más mundana, más cercana y por lo tanto más real, después de todo no hace falta centinelas futuristas para acabar con los mutantes, además que Logan ni Xavier están para esos trotes. El Actor Boyd Holbrook interpreta  a Donald Pierce, el líder de los “Reavers”, un personaje que logra incluso ser simpático y que estrictamente no es malo, o malo por que sí, sino que sólo cumple de manera profesional su trabajo, sin agregar crueldad innecesaria e ilógica. Aquí sólo tiene una mano robótica sin ningún poder carnavalesco –como ese mecha de pacotilla en Wolverine–; el resto de los Reavers no son aquellos ciborgs sanguinarios de las viñetas marvelianas, sino un ejército paramilitar o más bien para-acuchillar, porque sirven de blancos perfectos para los mutantes con garras que se pasean en la cinta, con una que otra prótesis mecánica. Desde luego ello no significa que la película esté libre de una sorpresa a nivel de antagonista.

De casi dos horas, la cinta cumple su objetivo de entretener y gustar, además reivindica al personaje de Wolverine, y constituye un final grande y en todo lo alto, para Jackman como para Stewart, quienes probablemente se despiden en forma simultánea de algunos de los personajes más icónicos de su carrera, con perdón del Capitán Picard. Saludos afectuosos.