Series que te tienes que ver: Westworld

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Westworld

Hay muchas series que pecan de ser demasiado ambiciosas para su propio bien. Series que tratan de abarcar demasiado y que prometen ofrecer acción, drama, buenos personajes, thriller, suspense y al mismo tiempo que enorme profundidad reflexiva con cada capítulo, pero que se pegan el pifostio del siglo al intentarlo. Y luego te viene Westworld, te consigue ofrecer todo eso y más con una ejecución impecable y encima acaba follándote la mente a tal nivel que cuestionas aquello que es real o no dentro del universo de la serie, para luego seguir queriendo verte aún más capítulos.

Westworld es una jodida genialidad. Es de esas pocas series que no se contentan con ofrecerte un buen drama, sino con regalarte aquello que las mejores obras de ciencia-ficción y ciberpunk sobre robótica han conseguido alcanzar: Reflexión existencialista, filosofía, comentarios sociológicos y criminológicos con un rigor y valor increíbles, cuestiones transhumanístas y metafísicas… Y encima manteniendo un ritmo brutal, magníficos personajes, un suspense intachable y todo ello mezclado con vaqueros, Winchesters y revólveres ¿Qué más se puede pedir?

 

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Parece increíble que una serie basada en uno de los trabajos más poco conocidos y añejos de Michael Crichton (Su peli homónima de 1973) haya conseguido ser una de las series más profundas y complejas del panorama actual, pero muchas veces es así como funciona la magia de la ficción: Se necesita tiempo y las personas adecuadas. Y eso es justo lo que se ha dado con esta serie, se han reunido las personas adecuadas, con el talento adecuado y han puesto el tesón y tiempo adecuados para obrar el milagro: Una serie que nos haga cuestionarnos el concepto de nuestra existencia, que nos mueva a reflexionar sobre filosofía moderna y que clave una certera y mordaz crítica a la sociedad y sus fracasos (Vamos, lo que viene siendo los básicos de que cualquier obra Cyberpunk) y que no pegue el batacazo por tratar de abarcar tales grandes ambiciones.

Y con la abismalmente enorme excepción de Black Mirror, WestWorld es la única serie actual que conozco que ha alcanzado tal impensable cima, sin olvidarse por el camino los fundamentos esenciales de todo buen drama televisivo: Una trama cautivante repleta de giros, suspense y Thriller del bueno, acompañados de personajes enormes y profundos que se vuelve el cocktail perfecto para no despegar el careto de la pantalla y estar pendiente de hasta el más mínimo de los diálogos sin tan siquiera parpadear. Westworld es así, fascinante y cautivadora. Y creo que no hubo personas más adecuadas para clavar esta titánica obra como Jonathan Nolan (Si, el otro Nolan y el menos sobrevalorado) y Lisa Joy. El primero, el creador de los increíbles guiones que vertebraron las mejores películas de Christopher Nolan (El cual se llevó todo el crédito de cara al público) y la segunda una de las mejores guionistas que ha parido la HBO. Con un matrimonio así, solo pueden salir retoños como esta serie.

 

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Lo primero que te plantea es quienes somos en realidad. Si somos seres civilizados que utilizan el raciocinio, o si en realidad somos seres violentos y primitivos que han sido reprimidos por la sociedad. La mera idea por la que se creó el parque te lo deja bien claro. Si existiera un parque temático del oeste poblado por androides con los que dar rienda suelta a tus más homicidas y eróticas fantasías sin ninguna clase de consecuencia o penalización… ¿Cuánto tiempo tardarías? Porque he ahí la cuestión: La serie no plantea que el ser humano sea moral o empático por naturaleza, sino que somos animales movidos por nuestras pulsiones sexuales y destructivas y que la civilización simplemente ha actuado como una mera correa a la que poner riendas a nuestros impulsos más instintivos.

Así son los invitados al parque, peña que se dedica a follar y matar todo lo que le apetezca en un periplo violento para poder liberar catárticamente todas las frustraciones y represiones acumuladas por la vida moderna en sociedad. Así es el ser humano moderno. Un lobo forzado a volverse cordero bajo la correa de la civilización. Y más allá de una simple curiosidad, WestWorld también plantea uno de los acercamientos al mundo del videojuego más fidedignos que he visto en una serie. El drama conoce sobradamente los fundamentos de los juegos de mundo abierto y también parece conocer a su público. Un público ávido consumidor de videojuegos a la que la serie no toma por imbéciles.

 

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WestWorld se presenta justo como un sandbox o juego de rol masivo, donde cada invitado que entra al parque interactuando con cualquier robot para activar una “Quest” misión o encargo y así iniciar su propia aventura scriptada. Tal y como ocurre como en los cientos de juegos de mundo abierto o Grand Theft Auto que nos hemos hartado de jugar. Y como en cualquier Grand Theft Auto (O más bien un Red Dead Redemption) el mundo de WestWorld está concebido para que nosotros como visitantes hagamos el cabra y nos comportemos como grandísimos hijos de puta sin penalización alguna, pero al mismo tiempo tengamos misiones, encuentros y encargos que nos hagan sentirnos como un héroe, un salvador, un conquistador, un cuatrero y, a fin de cuentas, el satisfacer cualquier fantasía que solamente hemos podido soñar. He ahí otra de las reflexiones más importantes de la serie. Las personas ven a Westworld como la gente ve a los videojuegos, fantasías de poder y de abstracción a la realidad donde satisfacer nuestras más ansiadas fantasías y alejarnos de una realidad frustrante, reprimida y castrante.

Aunque una de las mayores cuestiones reflexivas de esta serie es aquella que siempre acompaña a toda buena obra ciberpunk de robótica que se precie. ¿Qué es la humanidad? ¿Podrán alguna vez los robots alcanzar dicha humanidad? Pero más allá de quedarse en esas cuestiones tan inmensamente abordadas en tantas obras del género que ya borda el tópico, Westworld las plantea de otra manera ¿Qué es lo que realmente nos hace humanos? Y ¿Realmente podríamos considerarnos a nosotros como tal? ¿Son los androides los que tienen más derecho a merecerse tal humanidad? Cuestiones interesantes que, afortunadamente, la serie sabe desarrollar de forma fenómena y nos invitan a pensar sobre ellas continuamente.

 

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Siguiendo la primera cuestión, la serie quiere que nos empeñemos en desgranar la esencia de la humanidad ¿Qué es lo que se esconde para que nos hayamos ganado esa condición? ¿Es la conciencia de uno mismo tal vez? No en el caso de la serie al menos, pues todos los “Huéspedes” (Que así son como llaman a los androides en la serie) son conscientes de ellos mismos dentro de su identidad programada y órdenes a ejecutar en el guion prefijado de su vida.  ¿Son las emociones o nuestro ordenamiento psicológico a lo mejor? Puede que sí o puede que no, pues los huéspedes están dotados de un amplio abanico de reacciones que van desde las 5 emociones básicas hasta diversos estados de ánimo y no le da mucha importancia.

Pero luego la serie hace la 314 y nos ofrece un nuevo enfoque por el que abordar esa difícil pregunta: El Sufrimiento. Según la serie, es el sufrimiento la chispa que da originen a la condición humana. Aquella, no referida al dolo físico sino al sufrimiento a nivel emocional, es la condición básica que da originen a la humanidad. El sufrir por la muerte de seres queridos, el sufrimiento por un fracaso, el sufrimiento por un desengaño, el sufrimiento por amor… Así, Westworld nos trae a la palestra ese viejo dicho de “El Ser humano es el único animal que sufre por su propia existencia” y nos ahonda el verdadero motivo que se esconde tras la conciencia de uno mismo y por ende la humanidad. Y es la propia consciencia de que nuestra vida es constante sufrimiento y un camino solo de ida hacia la muerte, que estamos condenados a sufrir y forzados a contemplar como nuestra propia existencia se va apagando lentamente sin que podamos hacer nada por evitarlo. O puede que yo esté sobredimensionando un huevo esto y le está sacando más lecturas donde no las hay.

 

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Otra más que obvia lectura se saca al ver que la serie tampoco hace ascos por traer por trillonésima vez el Mito de la caverna de Platón. Como no podía ser menos, aquí en Westworld también se nos plantea que el auténtico paso para ganar la humanidad y el tener conciencia de uno mismo, pasa por tener conciencia de un plano superior de la existencia y conseguir alcanzarlo. Si los androides viven esclavizados como marionetas al servicio de las atrocidades que les perpetran los invitados al parque, el requisito para liberarse pasa por tener conciencia de que son marionetas para así poder liberarse de aquellos hilos que los mueven (En este caso su preprogramación por el personal de Westworld) y alcanzar ese plano superior de la existencia que es ganar conciencia de ellos mismos y actuar y pensar por propia voluntad.

Aun así, la mejor reflexión que se marca esta serie sin lugar a dudas es una de las más clásicas y conocidas de Nietzsche: “La muerte de Dios.” Pero no en el sentido de la muerte de los valores éticos y morales del cristianismo que Nietzsche profesaba, sino una aproximación casi tan literal como la propia frase. Gracias a esas increíbles conversaciones de Anthony Hopkings que llegan hasta mover el pensamiento, Westworld proclama que, una vez que tenemos la oportunidad de crear seres semejantes a nosotros, que tienen la misma conciencia y cognición que nosotros y llegamos a controlar sus vidas, habremos matado de facto a Dios ya que nosotros nos hemos convertido en Dios, y por ende estaremos condenados a cometer los mismos pecados que cometió él. Nos habremos convertido en crueles creadores cuyos designios se contradicen cada vez que trata de retener a las criaturas que “por amor” hemos creado, pero que “por su bien” hemos desterrado de su libertad e individualidad.

 

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Pero esto no es una puta clase de filosofía y, como os dije, Westworld es mucho más que reflexiones existenciales contantes, aquí tenemos todos los ingredientes para ofrecernos una seriaza de rechupete. Para empezar, tiene una trama que, a base de jugar con esos fundamentos filosóficos de quien ostenta y merece la auténtica humanidad, la serie pretende confundirte de muy cabrona manera.  Y no me estoy refiriendo a meter giros de guion porque sí y con el único propósito de hacerte la polla un lío (Que también, no vamos a negarlo) sino para que nos cuestionemos las intenciones y motivos de los personajes, el orden y causa de muchos acontecimientos de la serie y lleguemos incluso hasta dudar de la humanidad de muchos personajes.

Llegaremos a un punto en el que, no contentos los creadores con habernos glitcheado el cerebro obligándonos a buscar el orden y continuidad temporal de muchos de los sucesos de la serie y razón originaria de estos, los muy hijos de puta nos harán cuestionarnos continuamente la condición humana de muchos personajes, haciéndonos dudar de quien es humano o un androide realmente. De esto modo, se abraza factualmente el mantra central que tiene la serie de poner en tela de juicio el concepto mismo de humanidad, y no quedarse como un pensamiento al aire que no llega a ninguna parte. Muchos de los personajes tienen recuerdos, tienen experiencias, tienen un pasado… ¿Pero realmente son humanos? ¿O son androides con recuerdos injertados y experiencias preprogramadas tan interiorizadas que las dan por ciertas?  (Sip, el inevitable guiño a uno de los temas centrales de las de Blade Runner es inevitable) Pero eso es lo más cojonudo que te puede ofrecer la serie, una ideología que se apoye y se desarrolle de facto con los propios personajes y narrativa de la serie. Y que por ello tu cabeza mientras tanto este en 20 direcciones distintas al mismo tiempo.

 

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Acompañan también un elenco de personajes brutal que cada vez que están presentes, devoran la pantalla con sus interpretaciones. Evan Rachel Wood y Thandie Newton haciendo de Dolores y Maeve, las 2 andróides sobre las que descansa la mayor parte del núcleo argumental, son de lo mejorcito de la serie. Su jornada hacia la plena autoconsiciencia y la liberación del control de WestWorld es un derroche de registros para ambas actrices que exige el máximo esfuerzo posible a nivel interpretativo. Toda la primera temporada es un tour de forcé para ambas actrices que nos regalan las representaciones más curradas de su carrera. Mención especial a un veterano pero desgraciadamente menos conocido Jeffrey Wright (Al que muchos conoceréis como el agente de la CIA Felix Lethier en las Bond de Daniel Craig) donde como es habitual se marca una interpretación magistral como el atormentado técnico del parque Bernard. Y también homenajear a la enorme cantidad de personajes secundarios que, por muy anecdóticos que sean, también se marcan tremendas interpretaciones que nos dejan boquiabiertos. Aquí hasta un extra de 5 minutos se marca el papel de su vida.

Rematan la hazaña mastodontes de la interpretación como el mismísimo Anthony Hopkings como Ford, uno de los creadores del parque, el cual gracias a su imponente figura y un guion magistral respaldándole, cada una de sus conversaciones resulta una majestuosa reflexión que aborda desde la esencia del hombre, la conciencia de sí mismo hasta la ética de convertirse en un Dios. Cuando os dije que sus conversaciones movían el pensamiento, iba bien en serio. Este hombre aparezca donde aparezca nunca deja interpretaciones que puedan quedar como mediocres.

 

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Aunque sin duda mi personaje favorito es el interpretado por el grandísimo Ed Harris: El Hombre de Negro. Nada mejor que un actorazo de renombre con cientos de registros a sus espaldas para interpretar a uno de los que creo a pies puntillas es de los mejores villanos que hemos tenido en series de los últimos años. Una figura sádica, sociopática y cruel que disfruta torturando y asesinando a los androides en busca de la clave de un juego que de sentido a su nihlística existencia. Pero lo que hace que resulte cautivadora esta figura antagónica, es precisamente que es una figura enigmática. Sus motivos no están claros, sus intenciones no están definidas y ni siquiera sabemos su nombre.

Y eso es lo más aterrador que puede ofrecernos un antagonista: No conocer el porqué de sus acciones. Además de que la serie se vale también de este personaje para desarrollar otro de sus más establecidos mantras: La crueldad y violencia inherentes del ser humano. Muchos de los crímenes más atroces cometidos por la humanidad no obedecen a un motivo concreto ni a una razón concluyente sino a la oportunidad, al principio básico de “El hacer por poder hacerlo”. Volvemos a la misma cuestión que al principio: Si alguien tuviera la oportunidad de cometer asesinatos y actos de extrema crueldad y sufrimiento sin consecuencias, ¿Cuánto tiempo distaría para que se convirtiera en un monstruo.

 

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Podría seguir con cientos de teorías filosóficas que no para de abordar esta serie, podría seguir con decenas de las folladas mentales y giros de guion que presenta, podría tirarme horas hablando sobre sus magníficos personajes y sus encomiables actores brindando interpretaciones que definen carreras, pero esto no acabaría nunca y creo que ya os he dejado bien claro la clase de serie ante la que estáis. Una maravilla que nos ofrece una comunión casi perfecta entre el mejor cine cyberpunk y de ciencia ficción, los dramas televisivos con grandes tramas y mejores personajes a sus espaldas y todo ello sin perder el aire de Western que le caracteriza y encima animándote a reflexionar y debatir sobre filosofía en cada capítulo. Haceros un enorme favor y veros al menos la primera temporada. ¡Folladas mentales, filosofeo y buen cyberpunk o le devolvemos su dinero! O haced gratis aprovechando el mes gratuito de la HBO, es una idea..

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