Crítica: La Saga Scream

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De entre los absurdos desafíos personales que me propongo para alimentar mí ya bastante engordados gustos cinéfilos, el que me propuse desde Halloween y que llevo practicando desde entonces ha sido uno de los más divertidos: Zambullirme de lleno en todas aquellas películas de terror que me faltaban por ver y recopilar película a película lo más representativo del género que me he estado perdiendo. Desde los hitos más grandes del cine de terror, hasta la secuela más cutre de la saga más casposa de cine slasher de serie B.

Y justo el cine slasher es el que más ganas tenía de abordar. Todo por dar respuesta a una pegunta que llevo haciéndome desde siempre ¿Por qué lo llaman cine de Terror? Jamás comprendía por qué la gente las califica como tal, si hasta mi abuela en bañador puede ser una figura más terrorífica que un pringado envuelto con una máscara y armado con un triste cuchillo de cocina. Precisamente por eso me pareció pertinente animarme de una vez con la saga Scream. Saga que justo se basa en burlarse de todos los convencionalismos que dicho género había trillado y abordado hasta la saciedad. ¿Y sabéis qué? Me ha encantado y asqueado a partes iguales. Toda esta saga esta repletas de cosas que adoro, pero que también me repugnan. ¿Cómo coño se puede dar eso? Pues seguro que os divertiréis averiguándolo con mi critica.

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Wes Craven, santo patrón del género Slasher que, aunque él no inauguró (Ese honor se lo debemos a John Carpenter con Halloween) sí que se encargó de popularizarlos y revitalizarlos durante finales de los 70 y principios de los 80 con películas como Las Colínas tienen ojos, La ultima casa a la Izquierda y la famosa saga Pesadilla en Elm Street. Un genio, todo un magnífico cineasta y una bellísima persona que en paz descanse, pero no por ello puedo negar que sus pelis me parezcan un aburrimiento total. No sé cómo coño en una película de terror ha conseguido aburrirme, pero sus películas siempre me han parecido un absoluto coñazo. No consigue reunir lo que yo considero el Triunvirato del Terror: Ni tienen una atmosfera angustiosa, ni tienen una amenaza inexplicable e imparable, ni tampoco presumen de tener de unos protagonistas bien construidos y desarrollados  por los que nos sintamos identificados y temamos por su vida tanto como nosotros de estar en esa situación.

Y a pesar de que muchos no estéis de acuerdo, me mantengo firme en esa convicción. Porque por mucho que me vendan que en dichas películas la figura del asesino es una fuerza imparable que no se puede matar ni razonar, mis santos cojones. El Terminator, los  Xenomorfos y el Predator pueden reírse de Freddy Krueger, Mike Myers y Jason Vorhees en su puta cara cuando quieran. Además no me vas a comparar la ambientación tan tétrica de la saga Alien por ejemplo, con la de “Vecindario Idílico USA” que presumen todas las pelis Slasher Y mucho menos voy a sentir miedo por el destino que sufrirá una rubia tonta de 35 años fingiendo que tiene 20 con menos personalidad que un canto rodado… Pero con todo ello, comprendo las razones por las que le llevaron a su éxito. Trasladó al público general sin cortarse un pelo películas que, más allá de mostrar sangre y gore gratuito, consiguieron conectar con los miedos más primarios e instintivos de la gente.

 

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Pero como toda moda que consigue popularizarse, poco tarda en ser sobreexplotada y exprimida hasta la saciedad. Por lo que el género volvió a entrar en declive con vertiginosa velocidad gracias a incontables secuelas innecesarias, plagios casposos de serie B y demás pelis de mierda que trataban de subirse al carro capitalizando el género. Pero Craven  junto a otro genio de guionista, Kevin Williamson consiguieron rescatar de nuevo el género del oscurantismo a mediados de los 90 valiéndose de algo prácticamente desconocido en esos años: La Autorreferencia y la Autoparodia. Los 2 elementos más característicos de la saga y de los que más adoro de ella. El conocimiento de lo absurdo de su planteamiento, la conciencia plena de sus topicazos más trillados e idiotas y la burla más descarada y sin florituras de cada uno de ellos. Scream es el ejemplo perfecto de MetaCine, de rotura de la 4ª Pared en favor de una mejor comprensión de la estupidez del género en que fue concebido y por ende un mayor disfrute de este. Pero hay formas de llevar el MetaCine y la Autorreferencia mil veces mejores que los de esta saga, aunque eso no quita su nobleza por intentarlo.

Como he dicho, eso es lo más cojonudo y mejor trabajado de toda la saga. Desde la primera entrega todos los personajes en cualquier momento acaban burlándose de los convencionalismos del género, como si ellos mismos tuvieran conciencia de que están en una película de Terror y deciden burlarse de los tópicos de la misma. Desde las escenas de Sexo, diciéndose entre ellos que no pueden pasar del magreo y los besos, si no quieres joder la calificación por edades, hasta lo chorras y sinsentido que resultan muchas de las infinitas secuelas que les hicieron a Viernes 13, Halloween y Pesadilla en Elm Street. Pero sin duda lo mejor que ofrece esta cinta en el ámbito autorreferencial es el personaje de Randy. Un colgado del cine de Terror  que sirve como vehículo perfecto para señalar a través de la película los tópicazos más trillados de este género fílmico.

 

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Randy siempre narra en las 3 películas principales de la saga, las reglas no escritas del cine de Terror. Aquellos estándares absurdos autoimpuestos por muchas películas del género y que se dan en todas y cada una de ellas sin excepción. 1: Si has Follado, Mueres. Siempre que hay adolescentes promiscuos en pantalla, son los primeros en palmar. El pecado de la lujuria tiene un alto precio en las películas Slasher. 2: Si consumes drogas o alcohol, tienes un billete directo hacia el infierno. El Asesino actúa como especie de fuerza puritana de la venganza que nunca matará a aquellos que tienen limpio su Hígado o su espíritu. 3: Jamás te separes del grupo. El tópico más gilipollas y que sin embargo con mayor frecuencia se da. Cuanto el prota tiene un asesino suelto por el barrio que está diezmando a sus amigos uno a uno, como no, lo que siempre considerará más  inteligente es separarse e ir solo a por una cerveza a la cocina…

Y como colofón al final de la cinta, durante la revelación final del asesino, la protagonista preguntaba al psicópata el motivo por el que inició su matanza. El cual, este sorprendido le dice: “¿Crees que necesito un motivo? ¿Acaso Norman Bates necesitaba un motivo en Psicosis? ¿Acaso el Guión explicaba por qué Hannibal Lecter le gustaba comerse a la gente?” Llegando al summun de la autoparodia en la que deja bien claro que ninguna película del género y ni siquiera la película misma tenían una explicación convincente de la razón de los hechos ni de la motivación del asesino. Disimulándote los agujeracos enormes de guion y narrativa como una forma para fomentar el misterio y el suspense. Y como digo, esa atuconciencia y autoparodia resulta lo mejor de la cinta, pero hace falta algo más que eso para saber redondearla y quedar como el soplido de aire fresco y la renovación del género que todos me venían vendiendo.

 

 

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Porque el principal problema de la cinta es que aun sabiendo todos los tropos, tópicos y convencionalismos del género y aun burlándose descaradamente de ellos, acaba abrazándolos de lleno y refugiándose en ellos para seguir siendo la misma película slasher malilla que trataba de parodiar. Eso es lo que verdaderamente arruina la película y la impide alcanzar la grandeza: A base de esa burla descarada de tópicos, tiene todos los ingredientes para crear una película nueva y original que se aleje de dichos convencionalismos y estándares tan trillados. Y sin embargo lo que hace es reutilizarlos de nuevo sin que haya cambiado nada. Tiene la burla, pero no la remata con algo nuevo para poder convertirse en una crítica mordaz y eficiente del género. Es un chiste sin remate, una historia crítica sin moraleja. ¿De qué sirve entonces puntualizar lo absurdo del género si no te vales de esa burla para hacerle reflexionar al espectador sobre ello?

Por lo que por mucho MetaCine  y autorreferencias que tenga, no aspira a nada más que eso: A la autorreferencia por la autorreferencia. Scream entonces acaba por convertirse en un episodio de Padre de Familia. Donde te meten un aluvión de guiños a la cultura popular y referencias de películas, sin mayor pretensión que a esperar a que alguno de ellos cuaje. Es como decirte: “¡Ja que graciosos e inteligentes que somos por meterte cientos de guiños de otras pelis de Terror. Ámanos, por favor!” Y esto es lo que me encanta y a la vez odio no solo de la peli sino de toda la saga en general. Porque yo soy un auténtico colgado del contenido meta, que rompa la 4ª Pared y autoconsciente, pero eso también implica un desafío a esos convencionalismos que acabas de romper para conseguir hacer reflexionar sobre el género y llevarlos hacia nuevos horizontes.

 

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Y eso me jode sobremanera en las secuelas, pues es ahí donde de verdad llevan la referencia, la autoparodia y el metacontenido al siguiente nivel. Valiéndose de la técnica de “Cine dentro del Cine.” En la Secuela, los acontecimientos de la primera se convierten en una película taquillera de enorme éxito, reflejando precisamente lo que ocurrió con la primera película en la vida real. Y no quedándose contenta con esa autofelación tan tremendamente descarada, en los primeros minutos una pareja afroamericana a la que acude al cine a ver la película se dedica a comentar el tratamiento de los personajes de color en las películas de terror. De cómo a estos les dan boleto a la velocidad del sonido y apenas tiene cuota de pantalla ni presencia en la película. Y justo precisamente a los 5 minutos de metraje ya se los cargan, no sin antes vengarse de las típicas personas del cine que no se callan en mitad de la película. ADORÉ ESA PUTA ESCENA

Incluso en la secuela, las puyitas y guiños a toda la cultura de la época eran más bestias si cabe. Desde el personaje de Courtney Cox haciendo referencia al clásico bulo de Internet del desnudo de su compañera en Friends, Jennifer Aniston., hasta lo gilipollas que resulta un asesino con un cuchillo de cocina en un país donde las armas de fuego las puede llevar cualquiera. Y una vez más, Randy vuelve a la carga para comentarnos las reglas de toda secuela cutre de una saga de terror que hay que vigilar a rajatabla si uno quiere sobrevivir. 1: Los Supervivientes de la primera parte, puede que no sobrevivan a la segunda. 2: La cuenta de cadáveres debe ser mayor, más violenta y más sangrienta. Pero una vez más, dichas reglas se cumplen en esta película a la perfección y ningún personaje a pesar ser consciente de ellas y casi de que está en una película de Terror, hace nada por luchar contra ellas o  burlar su destino. Una vez más, la burla pero sin el cambio. La crítica sin la reflexión.

 

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Incluso la que yo considero la más floja como Scream 3, tiene puntazos muy interesantes como el hecho de señalar lo que ocurrió con el guión de Scream 2 cuando se filtró por Internet. Que se continue con la temática de “Cine dentro del Cine” Haciendo otra secuela de los acontecimientos, pero no de Scream 2, sino de los propios acontecimientos que se están sucediendo en la misma película, la tercera parte.  Un toque genial en el que la historia de la película ficticia se va adelantando a la historia de la película real que estamos viendo. Sin olvidarnos de que también Randy aparece de nuevo para describirnos las reglas de las terceras partes y finales de trilogía. 1: Son siempre las que fuerzan una historia absurda de orígenes del protagonista escavando en su pasado. 2: Lo hacen forzar una reconexión de la continuidad de la saga donde todo esté hilado y encajado al finalizar la tercera parte. 3: El pasado siempre trae consecuencias funestas. Y también señalan justo lo más chorra que resulta de esta clase de películas: Lo sobrenatural y jodidamente inmortal e imparable que puede acabar siendo el asesino antagonista.

Y ya la cuarta, desde que la vi se ha convertido en mi favorita después de la primera. Y eso se debe a que precisamente si que va un paso adelante, avanza más allá de señalar los tópicos de sus genero. En lugar de solo limitarse a decir lo previsible que se ha vuelto el género, la película se vuelve lo más imprevisible y lo más alocadamente meta que una película que tenga un mínimo de coherencia se pueda volver. Y esto es algo que me encanta, porque esta si que reflexiona con lo anodino, previsible y soso que se ha vuelto el género y trata de hacer aglo nuevo y original con ello. Incluso yo diría que esta si que es la que consigue realizar eficazmente esa deconstrucción y revertimiento del género, porque consigue reflexionar sobre ello abiertamiente en muchas escenas (Como la del Club de los Cinéfilos) y llevar su género un paso más allá reinventándose lo suficiente para que sea algo nuevo y original. Volverse imprevisible y es el nuevo estándar. Además, también esta cinta no se corta con sus críticas y guarda cojonudísimas puyitas hacia la moda que estamos teniendo últimamente sobre los remakes y reboots, sagas de terror. De lo chorra que resulta nombrar como cine de Terror las de Saw cuando solo se limitan a enseñar gore y escenas de tortura. El Torture-Gore Porn no es Terror y eso te lo dej bien claro hasta esta cinta. Diré todo lo que me plazca de Craven, pero es un puto genio que tras está se largo con la cabeza bien alta y un cierre de telón magnifico.

 

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Pero la saga también atesora un par de elementos excelentes independientemente de su intento de deconstrucción del cine de terror. Un ejemplo es como la dirección de la película está pensada para favorecer el suspense y la sospecha a cotas ridículas pero interesantes. Algo en lo que dejó Craven una nota excelsa como director: Alimentar vorazmente la paranoia sobre quien es el asesino. Ángulos de cámara que resaltan gestos, miradas, escenas que revelan comportamientos extraños y fuera de lugar de algunos protagonistas, excesiva importancia por algunos detalles. El cabrón de Wes Craven sabe cómo volvernos locos sospechando de absolutamente todo el mundo. Y conseguir hacer bien eso en un clásico thriller de “WhoDoneIt” (QuienLoHizo) es hacer magníficamente bien tu trabajo. Y por mucho que considere un tanto mediocres estas películas, aquí se sale y lo borda como director.

Con todo esto y a modo de conclusión, es una saga genial en muchos aspectos y bochornosa en otros. Le falta un pequeño empujón para alcanzar la grandeza y llegar a ser una magnifica parodia deconstructiva y autoreferenciante del género, un pequeño hervor y alcanzaría la excelencia. Pero no por ello significa que no alcance dichas cotas de genialidad en muchos momentos, llegando a marcarse puntazos tan meta y tan deconstructivos que uno no puede negar la maestría que consiguieron el duo de Kevin Williamson como guionista y Wes Craven como director. Luego puede que no haga mucho con esa autoconsciencia de su género y su mofa al mismo, puede que no lo haga trascender más allá de la mofa y la sátira, pero aun así es un esfuerzo loable que, aunque no se ha ganado mis elogios, si se ha ganado mi respeto. No sé cómo coño ubicarme ante esta saga, si entre el fanatismo o el desprecio. Pero hay que respetarla por lo que trató de conseguir y que en parte acabó consiguiendo.

sergiosrrubioCrítica: La Saga Scream