Por cada cierta cantidad de series horrendas y sin almas que nacen al por mayor por solo el deseo de conseguir dinero sin esfuerzo, ocasionalmente uno al buscar entre ellas puede encontrarse con obras que permiten recuperar la fe en la animación japonesa. Ya en 2013 la mezcla de slice of life y fantasía llamada Uchouten Kazoku fue una de estas pequeñas joyas que fácil y merecidamente se ganan la etiqueta de «artística» y cuatro años después, este mismo 2017 vuelve a repetir sus logros con una segunda temporada que no solo se mantiene digna al mismo nivel, si no que incluso puede superarla.

