Antes de ti, mi consciencia

 

Antes de ti

Antes de ti he sido polvo en tierras secas donde el agua calma bocas y cuerpos desérticos, las flores marchitan y los pétalos bailan al son del árido viento cual escafandras del tiempo, las vidas son devoradas por los hambrientos ojos voraces de engullir el materialismo y viven del consumismo, luchan por esos lares que son del nadie, por ello, mueren inocentes, viven culpables, sangran los animales y mueren árboles entre llamas y cenizas. Antes de ti, la historia tan sólo era eso, historia, nada antes de nada, un críptico aún por describir entre murallas de quilos de piedras sombreadas por el paso de las horas, el transcurso de los rayos en cada uno de sus rincones. Antes de ti he sido marinero, navegando en océanos de aguas dulces y saboreando la sal de tantas cicatrices, caminando de la mano de una soledad casi con el corazón entero, espinas medio clavadas, listas para ser abiertas nuevamente.

 

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Dormido sin bajar los párpados para dejarme ser vislumbrado por almas vacías, deshaciendo huesos cual migajas servidas a plato frío, un rompecabezas traslúcido. De vez en cuando, regreso a esas melodías medio enterradas en las catacumbas del calor desprendido sin querer, ébano las tormentas aún por cesar, amaestrar al salvaje desorden de los acontecimientos y las páginas que antaño fueron escritos sin saber que un día mis ventanas volverían a ser nublados por sentimientos, quebrarían cimientos por el cuarzo, gélido y descuartizado caparazón. Antes de ti.

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Antes de ti, bebía a sorbos copas de dos dedos del vino con más cuerpo, más frutado que hubiera podido encontrar hasta ahora acompañado de un queso seco mientras tú estás al otro lado la habitación en el mismo piso.

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Antes de ti, el vivir con el placer de estar a solas con mi lectura, una copa (o dos, quizá) y mi libreta juntamente con el bolígrafo de punta fina color azul, eran la mejor compañía que podía pedir. Tapujos desteñidos.

Tirupathamma Rakhi(Derechos de propiedad.)

Quebrada historia

“Y de la noche a la mañana, tu amor se vistió de luto, tus palabras de cenizas, tus abrazos de distancia, tus promesas… En viento”

Qué más da el tiempo si con el amanecer desvanece entre tormentas y el ojo del huracán contempla el desierto culminado, tiembla el palpitar insensato dejando la huella de su amor entre otros océanos. Cuando el atardecer viste de ilusiones en la fantasía de vivir junto al viento, pintoresco refrán. Noches amargas, incertidumbre soñar en doloridos corazones estimados a ser las aguas besadas, festín devastadora, escrita entre tantos miedos y el caos en la oscuridad de los confines, sin sentido sopesar. Cuerdas en los hallazgos de la mera existencia y este latido que no cesa, que termina el ayer con los sollozos más desgarrados y perturbados. Que no sea el fin de nuestra condena, amante de mis suicidios.

Piedad arrebatada.

Me he despertado sin saber qué es un libro, una página abarrotada de insignificantes dibujos en perfecta línea cubierta. Sin saber amar al amor, siendo testigo del frío invierno y dejando gélidas las manos castigadas, vahos escalofriantes saliendo de mi boca cual volcán en explosión, una extorsión desengranada.

Incapaz de saber la historia distorsionada entre los hallazgos de las runas convertidas en cementerios de libros, historias y novelas cortadas por engendrados suicidas, cubriendo de mantos las rayuelas manchadas, tachadas y reflejos borrados por finas sombras acoradas.Dónde el fuego de la chimenea baila en círculos minuciosos la danza de la brasa, los ojos son poseídos por su bello dorado e flameante sueño  resurgido, un tostado y tierno estiércol bañado de blancas praderas, juzgado por el tiempo destronado, cautivado por ese somnoliento y desconcertante despertar.

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Mirada perdida en esa cúpula sedada de grisáceos, desconcertados e irreparables lágrimas, aún no te has ido y mi cuerpo se ha alejado de la realidad, prendida de tantas llamas que el fuego, que ya no es el mero relámpago, donde nacen las danzan las llamaradas en infinitos brazos para llegar a ese delirio ofuscado junto a los marchitados besos.

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Te conocí en las calles de Barcelona, en ese invierno en el que fuiste mi refugio, donde las noches volaban, las conversaciones entre copas eran destellos de luces al verte. Mi juego de mujer libre empezó a irse con la primavera, las flores brotaron con las caricias y primeros rayos del dorado. En tu calor quise ahogarme en las noches de soledad mientras las luces de neón se perdían acompañadas de un atardecer morado en los bosques descarrilados… Tiempo para amar, tiempo de ser nuevamente tuya, tiempo de cerrar de despejar cortinas en las ventanas cristalizadas.

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Permíteme morirme en tu mirada, una vez más y ser el testigo de nuestro amor ante cada escarchada lágrima. Destruida pluma, tinta arrojada…Candiles entre copos de vocablo escondido.

 

Quién soy yo si tu eres el deseo del que me quiero saciar sin piedad.

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Tirupathamma Rakhi

Despojo


… Un poema quiero escribirte …


No hablaré de nuestro primer beso, a los doce años en el patio del instituto, mariposas bailando en ese estómago pequeño, estupefacto por el nerviosismo de a qué van a saber esos labios morenos carnosos, mi boca inocente por no saber cómo aliviar el deseo de probarlos, sin lastimar los suyos. Manos inquietas, cuerpo encorvado, desesperado por huir, correr a mil kilómetros lejos de las tierra; a la vez, perderme en su perfume que en tantas ocasiones me había hecho perder la noción del tiempo.

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El pecado de ser tuya

Podría sentarme al borde de una ventana, dejando abierta una puerta mientras las cortinas nublan los ojos vendados, acercados a la orilla del dolor y el sufrimiento constante del rechazo impenetrable de aprender amar nuevamente. En una estación como ésta, las películas se ciernan en que hombres y mujeres buscan o deben buscar desesperadamente por y para cubrirse de abrazos, palabras susurradoras a oídos callados y labios rozados, ansiosos por reconciliarse, sin querer despegarse de las carnes sudadas. Desnudados en camas de sábanas de algodón dejando de lado las de seda para los más exigentes en sus horas de entretenimiento, aunque, al fin y al cabo, van a protagonizar la misma escena, o al menos, algunas de ellas. Para los más atrevidos, tan sólo esas prendas serán una molestia. Sí. Así es, en toda y cada una de las relaciones en el que dos seres de sexo opuestos y de gustos heterosexuales, sin querer queriendo, se pierden en ese laberinto de fantasías.

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Podría dejarme descubrir cómo la herida sigue esculpida en la piel bronceada des del amanecer hasta al anochecer mientras que las nubes danzan a su antojo, sin importar los rayos esparcidos que recuerdan que pueden existir milagros a pesar de llantos. Los fantasmas de los recuerdos vienen y van como agua salada de mar a su orilla dorada, lágrimas surgidas por esas memorias que hoy parecen ser el álbum que jamás se olvida. Sucediendo en la nada, el regreso del sospechoso asesino, ladrón, enfurecido y el rencor junto a la luna, retorna al camino que una vez envenenó los labios que hoy siguen besándome, relamiendo las brechas casi cerradas, abriendo puntos para luego ver como vuelve a sangrar, brotando de un manantial calmado sin cascadas.

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Podría pasar la noche en desvelo pensando, creando, gozando, divulgando historias, cobrando vida a personajes de un cuento donde la realidad es mucho más que una mera fantasía, delirando y tiritando cuerpos ansiosos por reencontrarse en las mismas sábanas de colores, mismos perfumes tras compartir el sudor con un mismo confín. Durmiendo en esa boca desesperada y labios compenetrados desde antes de rozarse y excitarse, amarrándose y anhelándose sin ser capaces de esconder la euforia del pudor renacido, un frenesí insaciable descorchado de una botella arraigada, encadenada en una bodega de sueños y alucinados en cada una de las caricias bailadas en la impureza del calor en satén de susurros. Impenetrables pecados en las madrugadas dormidas, acolchadas en tus abrazos.

¿Amaremos el sexo como el enamoramiento de un corazón flechado por un Cupido dispuesto a cubrir el deseo existencial?
T.R.

Gracias por leer, comentar y… compartir.

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Calumnias e injurias

Hay una verdad escondida detrás de cada sufrimiento, una lección que jamás se olvida en los momentos de felicidad, una aventura en las sombras del vespertino, una charla en las madrugadas que abren almas, reviven corazones engañados por vocablos y hechos enmascarados, mantas que tapan latidos desenfrenados y manos acariciadas por miradas, cuerpos desesperados por ser rozados en la oscuridad destellada, unos parajes alejados por la ausencia de la presencia que tanto ansía, desesperación sobresaltada en las sábanas de sudor y calor, una ranura llena de complicidad.

Aunque nada parece ser lo que es u era, extraño esa sensación de la espera a la falta del silencio de unos de los pálpitos que mi aliento conspira en la ojeada divagada y perdida en el olvido, retumbando en los vagones de amantes fugados y distorsionados. Sendero de rutinas afligidas por sorpresas, luces navideñas aún por encender en avenidas importantes, turistas e culturistas, artistas desconocidos y conocidos, bailarines esperados por ser reconocidos en la alta sociedad. Sin embargo, en el regreso de esa película, se hundió el mar de ojos en lágrimas, sollozando en la noche, citada con la ciudad de horizontes en luces claras y el destello completamente insaciable; donde el humo del cigarrillo tan sólo era el suspiro del apego. En el que las olas espumosas borraban las huellas de las orillas acechadas por el ímpetu desacuerdo entre la razón y el corazón, mientras el helado viento se entrometía en las costuras e hilos de la chaqueta de cuero negro, el pelo volaba a su antojo sin considerar a donde iba o con qué se iba entorpecer en su escaso camino sin límites.

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El hormigueo vestido y desvestido, brotado sin chispas, sin fuentes, reviviendo de unas tierras muertas, desiertas de amor, afecto, cariño, devolvió horror al contemplar las cuchillas de centelleo, con las venas aterrorizadas por el comienzo. Las canciones sonaban en el móvil aleatoriamente, algunas concisas para dar música de fondo a los pensamientos, a esa voz que hablaba en mi interior, obligándome a escucharla sin siquiera poder ignorarla y dejarla de lado para proseguir el curso empezado. Aún, hay noches de media luna que el adiós se dice con la mente mientras se mira en el merecer desprevenido, antojado y aguardado para y por el momento. Lo sé, me concedí el deseo de planificar un sendero de soledad y profanidad, dejando que los huecos se llenen con exasperación, la respuesta de infinitos miedos.

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Las calumnias que acechan en la desnudez de pieles barnizadas de pecado, seducción, un baile de pasiones desenfrenadas, acogidas por la ocasión esperada y subestimada, agarrada a la injuria de la necesidad de saciar el hambre que jamás acaba de terminar, ofreciendo ese manjar que, sin masticar, es la delicia exquisita para los paladares más exigentes.

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T.R.

Diario del veinte de noviembre

Silencio. Latido. Un mero suspiro para dejar el aliento acumulado en las arenas de un bosque de cenizas y espinas destruidas por el paso del viento. Ella había formado parte de una existencia sin prórrogas dónde las letras pitaban en los oídos del latido y silbaba a orillas de un invierno descalzo de sentimientos, abrumado en las calzadas deshechas por gélidas y tempranas pieles adornadas de despidos.

Polvo. Desorden. Derribo de muros en cantos hacia al destello acechado por las almas enterradas y pintadas por el augurio desperdiciado entre lápices y pinceles de acero. Y como la noche, sentados en las esquinas de las calles desnudas, completas de vocablos agarrados por la necesidad de llenar el vacío desordenado en los cuerpos sellados por despechos, trenza de pergaminos y ni un solo derrame por el lluvioso noctívago amor desenfrenado.

Huella. Tiempo. Tan prudente en su lenguaje, extracto de un intento sin demora ni observación, así era el ejemplar de su luz en mi camino, destruida por las tormentas de la tórrida y pasable traza de letras, un reloj con las agujas rotas por el paso de los recuerdos. En esta tarde de lujuria consentida, de ojos cerrados y cuerpo dormido, dónde los brazos descansan en las sábanas y una de las manos busca el roce y la caricia de la otra piel, los párpados se levantaban dejando que la ceguedad del sueño deje entreabrir a la belleza de la compañera.

Sonrisa. Distorsión. Exaltación. Una costumbre derramar aguas en vasos besados, congestionados de tanto vaho sumergido en sus lentes, y aunque parezca poco creíble, la mente no tenía más cavidad para soportar tal atrocidad de tormento y dejó guiarse por la semblanza de llenarse de pasión desenfrenada, latidos descontrolados.

Palpitación. Desnudez. Cuanto más amo al desierto del confín de regresar y besar el pergamino hechizado, preámbulo empedernido.

Diario del veinte de noviembre del dos mil quince
TIRUPATHAMMA Rakhi

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Merecer invierno

Ojos cerrados, velados por la ceguedad turquesa, colmada de sombras y alguna que otra luz divagada en los confines del desierto, recogido por la coleta de la pendiente amaestrada para ser arrojada al abismo. Porque prender fuego de nada sirve en un mundo de cenizas, llamas de hielo y palabras de veneno, un jardín de cerezos o margaritas disfrazadas de rosas perfumadas y ser mostradas ante al escenario de un universo cohibido de verdades enmascaradas por el azufre del aliento desprendido entre tejidos rotos. El bosque había hablado con sus colores de otoño, denotando los llamativos del despido de una estación casi olvidada para dar bienvenida a una corbata de ensueño en las calles de bailes traslúcidas, embriaguez perfecta para el paralelo del desdén cosido.

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Tomando la escritura como fuente de comunicación, la canción como melodía de reivindicación, la danza una mediación del movimiento de manifestación, silencio codicioso. Este amanecer de respiro acompañado de los suspiros más anhelados y profundos, apasionaba a la única mirada que escoltaba el nacer de un sol abrasando al día que comenzaba a florecer en un horizonte colgado por el infinito y frondoso sentimiento. Erizada hasta la médula, alma desnuda en embellecer al preámbulo enloquecido por la desnutrida e afamada desesperación vestido para embalsar los hoyuelos de la tierra herida, espinada en sus memorables deterioros. Un andén de confesiones, luces borrosas, reflejando que acallar emociones era una canción olvidada en los ochenta. Nimbaba la creciente luna, viviendo con la fuerza de un huracán la obra desterrada por espejos rotos, trizas de las paredes deslumbrantes de sonrisas.

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Hay un confín de senderos que trazar entre danzas inesperadas, pedregosas en páginas de hollín entre oleadas de recuerdos y asombros. Trivialidad en los senderos agonizados, al regreso de la rutina como un vulgar libro esperando para ser leído por el ser poseído y hechizado,y así, dejando de husmear ese perfume rozando la casi embriagada e inalcanzable coraza que había alborotado el sonido gutural. Inicialmente, nada fue tan irrelevante como una mirada acomplejada de soslayos de la impugna castidad, huella del beso apagado, flameado por apaciguar esas ansias de estimarlo con las caricias frente el mundo, donde el paraje quedaba como pincel en su lienzo. Aunque ardía el deseo de nombrarle en los pecados del ballet descoordinado, estirado y refinado, las olas siempre vuelven a su orilla dejando otra huella más borrando el rastro de la brecha sucumbida en el andar desnudo y perfilado por la dorada arena.
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Augurio del predestino jugado en los senderos trazados,fugaz espíritu, ensanchado y enorgullecido, patinaban los pies en el hielo del merecer invierno.

Merecer invierno
Tirupathamma Rakhi

Prohibida rosa

Es el silencio que otorga las palabras acalladas en las sábanas de cuerpos sudados, amados de efervescentes deseos de llenar la pasión atormentada en las noches de soledad, arrojados al fuego de la desesperación aclamada por manos entorpecidos entre exasperantes vocablos impronunciables. Respiraciones entrecortadas, sangre alterada, rugida por tanta exaltación en rozar la piel flameada de impugnas, castigos en delirio por la ausencia del pecado en las horas resignadas, acechado pecado. Miradas consentidas en el frenesí de las figuras de juntarse para encarnar y revivir la magia de poder suspirar un mismo aliento, entre paredes desnudas y embriagadas por prender el fuego que se vertió en el lecho de la costumbre adormecida.

En el arranque, se olvidan de los minutos de espera y de las que se avecinaban, entregados con la furia de un animal en celo, impacientes en complacerse el uno al otro, testigos de saborear la libertad de amarse sin rituales ni rutinas, satisfaciendo los caprichos ocultos, algunos soñados y otros tan sólo improvisados por el momento de la lujuria enjaulada.3010151

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Se buscan, besándose con la vehemencia de no terminar esa película que es suya sin la intervención de ningún otro guionista, siendo los protagonistas del escenario medio inventado, medio preparado para no demorar más la espera. Adentrándose en mundos que parecen ser diferentes al estar solos en sus pensamientos y al verse, se unen apresurando para seducirse sin calamidades, el hechizo de las acciones, dejando que los suspiros compartidos sean quiénes pronuncien los sentimientos que ansiaban ser destinados en un mismo camino.

Sin embargo, se mordían entre acalladas perversidades, dónde los fluidos recorrían las ánimas entre sus puros, llenándose del placer que jamás hubieran podido imaginar que iban a repartir entre sudores. Desgarros en espaldas, cabellos alocados, apegados y encubriendo rostros mojados. Susurros acogidos por las llanuras de ese amanecer desprendido por el respiro afligido, sin andares desconcertantes, vehemencias determinadas por dedos recorriendo pechos despojados, miembros arrojados al furor de la boca hambrienta, malcriada, mimada…

Estacionando las cuerdas rotas por las ventanas adornadas del vaho sin escapatoria, desenfreno castigado por la expectación de la condescendencia vociferada. Apaciguándose a medida que el reloj camina a paso aligerado para dar finalizada la aventura, trona la despedida, mientras los cuerpos se consumen y dejan paso a recuperar la serenidad de antaño. Abrazados en el lecho desgastado, rugen al secreto de pedir más horas, para así encadenarse en las tierras conocidas y desconocidas. Entre tanto, sus sendas se dividen, labios cosidos por enigmas, agitados, enloquecidos, degustando la canción que inesperadamente sonaba en sus corazones.

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Cerrando puertas, ventanas, luces… Bienvenido a la nueva era.

T.R.

Bronceada sombra

En un cuento de sombras y locuras, el delirio era una sola forma de amar en silencio, aullar a las cascadas y ser el hazmerreír de la luna desnuda ante el reflejo del destello prendido, fugado por las horas derrochadas.

Una afligida tormenta, una agonía conquistada por palabras tan seducidas por miradas que no existen, a veces perdonan y otras tan sólo se quedan colgadas en el aire, brizna de hojas caídas por la fina lluvia de una cortina decolorada, sedada por veneno colmado en las orillas de las ventanas arrancadas por tormentas.

Y nadie supo el secreto de su alma, sin embargo, todos creían conocerla en lo más hondo de su corazón. Juzgando sus actos entre pasos descoordinados, medio olvidados entre fotografías de un pasado sin futuro y con un presente lleno de sangre corroída por ignorancia, odio, rencor y quién sabe… desprecio.

Porque en el espejo de los reflejos se explican las historias escondidas, abarrotadas en el cuerpo destilado a estar completado por penurias. En un mar de lejanías y tiranías obviadas por el silencio acallado entre calamidades y risueños comentarios ajenos al destierro condenado, hallado y subestimado vistiendo los pensamientos de sueños e ilusiones confundidos por sentimientos, rugiendo las disfrazadas sonrisas en las lágrimas derramadas y así, delirar bajo los rayos de un sol en el nuevo amanecer.

Una alfombra de vacíos regodeado en jardines de hojas y flores marchitadas, nubes de vocablos transparentes, miradas de laberintos en ojos de cristal. Danzan las mariposas a la orilla del… quizás.

T.R. plumasdetinta201015

Noche de perfumes, romance embadurnado.

Invita a coger el paño, girarlo hacia a la derecha, tirar para dentro o empujar para fuera, según la puerta, salir del recinto, dejar el paño de dentro y coger el que esté fuera. Empuñarlo y estirar con suavidad, dulzura, enmarcando la perfección inexistente de un marco junto a su puerta, rectángulo de madera que permite dejar pasar sentimientos, personas, objetos, animales, vientos o lluvias, fuegos o hielos. O por el contrario, dejar adentro aquella brizna con la oscuridad de la noche y la luz atrapada entre ventanas y dormida en las cortinas descoloridas por el paso del tiempo y embrujada en polvos de las horas consumidas bajo finos hilos de las telarañas adueñadas de ese hogar tan suyo y tan poco del dueño, o dueña. Exhala una calada, una bocanada de la vida construida por el cemento del olvido, quebrado e hiriente horizonte sangrado por pétalos al aire de una rosa en capullo. Noche de perfumes, romance embadurnado.

Tirupathamma Rakhi
02.09.15